Yo no sé por qué estoy triste,
pero estoy triste.
El corazón se me ha ido,
poniendo duro y feo,
negro,
atravesando parajes oscuros,
perdiendo la esperanza y el goce,
muriendo poco a poco,
día a día.
El aire ya no sabe a nada,
las risas suenan vacías,
y el tiempo se detiene,
volviéndome más oscuro.
Las sombras que antes eran pequeñas,
ahora se alzan gigantes,
y hay días en que no puedo
soportarme ni soportarlas.
La angustia me abraza,
tengo un dolor inmenso en el pecho,
mientras el mundo sigue girando,
como si nada hubiera cambiado,
con su misma locura,
con su misma miseria.
Y yo me quedo aquí,
pardiéndome en los poemas
que escribo,
y que el olvido se lleva.