Quiero escribir los versos más locos esta mañana.
Escribir, por ejemplo,
que a mediodía el día se habrá terminado,
que los pájaros huirán hacia un lugar desconocido
y que el corazón de los hombres se volverá duro como una piedra
y sangrará por donde menos lo espera.
Porque ya no quedarán lágrimas,
porque la ternura será un crimen,
y habrá quienes pocen adorando a un becerro.
Hoy no quiero belleza,
quiero verdad aunque duela,
quiero verdad aunque no haya testigos.
Quiero que el mundo encuentre fuego en los supermercados,
y que con el fuego consigan lo que no pudieron arrancar con sus mentiras.
Quiero escribir lo que nadie se atreve a mirar,
la escena exacta del derrumbe,
la sonrisa idiota de los que aplauden
mientras el mundo se cae a pedazos.
Que alguien abrace a los maniquíes,
que alguien le diga a los muertos que esperen,
que hoy no hay tumba suficiente para tanta costumbre,
para tanta obediencia.
Quiero escribir los versos más locos esta mañana,
para arder en mi propio fuego.