Ya no busco la felicidad.
No es necesario.
Mi vida es una existencia colmada.
Me baño en los ríos
cuyas aguas nunca se detienen.
Escalo los picos
de las montañas que casi alcanzan los cielos.
Bebo del vino
que me embriaga y vuelve alegre.
Nada me falta,
y nada me sobra.
Vivo sin miedos
ni esperanza.
Duermo tranquilo.
Los días llegan y se van
como aves pasajeras,
y yo les sonrío desde mi ventana.
No me apuro,
no me detengo.
La eternidad me habita
aunque la tierra gire.
Ya no busco la felicidad.
He dejado ese afán
como se deja una carga al pie del camino.
No cargo más con preguntas
que nadie responde.
El mundo canta en su idioma
y yo he aprendido a escucharlo,
y cuando el silencio dice algo,
yo simplemente lo entiendo.