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Revista de Poesía y Arte ISSN 2735-7627, Año 6. Nº12, febrero 2026

Ensayos y opiniones

De naufragios, de especies náufragas y de náufragos

I

 

A mi juicio un libro es una especie náufraga, pues su autor lo arroja a su suerte una vez que lo pone en circulación y en su viaje azaroso se reconoce (aún) un cierto dominio, por los signos externos que lo identifican con su creador. Para dar cuenta de los alcances de esto, debo dar una vuelta extraña .

 

II

 

 Naufragar tiene a lo menos 3 acepciones, 2 de ellas se vinculan con la realidad marítima, ella son: 

1ª El hundirse o quedar destruida una embarcación mientras navega

2ª Estar una persona en una embarcación en el momento que se hunde.

 

De la segunda acepción, la de estar en el barco que se hunde, aparece el sentido metafórico. Se habla también de naufragar cuando los intentos o proyectos que se emprenden en la vida fracasan, se pierden, salen muy mal o se hunden.

 

III

 

La posibilidad de naufragar, en términos marítimos, antiguamente estaba muy presente en quienes emprendían la navegación y que se naufragara no era un hecho extraordinario. Por ello en Rodas, una de las más grandes islas Griegas, en la que se desarrollaba un gran comercio maritimo, fueron apareciendo reglas que regularon muchos aspectos de la navegación comercial, dentro de las cuales estuvo el naufragio.

 

Una  ley resuena hasta nuestros días y es la denominada  lex rhodia de jactu, ley rodia sobre alijo (alivianamieto) o simplemente ley de la echazon. 

 

Dicha ley habria aparecido en el siglo V a.c. y la conocemos gracias a que se convirtió en un uso jurídico entre los romanos y fue recogida en la gran recopilación de las normas romanas conocida como Digesto de Justiniano publicado en el año 533 de nuestra era.

 

Está norma,  contenida en el Libro XIV, titulo II del Digesto, vino a resolver el siguiente problema ¿si por situación de riesgo de naufragio es necesario arrojar por la borda cosas para aligerar la nave y con ello salvarla, quien debe cargar con el costo de las especies arrojadas? La solución que se recoge en el Digesto es la siguiente: “Dispónese en la ley Rodia que si para aliviar una nave se hizo alijo de mercadería, se resarza a contibución de todos el daño que en beneficio de todos se causó”. A continuación el Digesto compila una serie de soluciones a problemas prácticos que se siguen de la aplicación de dicha regla. 

 

Lo importante es que aquellas soluciones generaron principios, que fueron pasando históricamente hasta nuestros días a través de otros cuerpos normativos 

 

Las nuevas normas fueron agregando mayores precisiones Asi por ejemplo en el antiguo artículo 828 del Código de Comercio español indicaba el Orden en que se efectuará el arrojo de efectosEl capitán dirigirá la echazón y mandará arrojar los efectos por el orden siguiente: 1.Los que se hallaren sobre cubierta, empezando por los que embaracen la maniobra o perjudiquen al buque; prefiriendo, si es posible, los más pesados y de menos utilidad y valor. 2. Los que estuvieren bajo la cubierta superior, comenzando siempre por los de más peso y de menos valor, hasta la cantidad y número que fuese absolutamente indispensable

 

IV.

 

También se reguló desde antiguo la suerte de las especies náufragas. En el numeral 8 del título II el libro XIV  del Digesto se dice  “Los que para alijerar la nave alijan algunas cosas, no tienen la intensión de considerarlas como abandonadas; porque si las encontraren  las habrán de recoger y si sospecharen a que lugar fueron arrojadas, las habrán de buscar, de suerte que sea como el que abrumado por la carga hubiese dejado una cosa en el camino, para despues volver con otros para llavársela…”. Similar regla establece el Código Civil chileno en el artículo 624 cuando indica que    “No se presumen abandonadas por sus dueños las cosas que los navegantes arrojan al mar para alijar la nave…”.

 

V.

 

En cuanto a los náufragos  dos breves referencias.  La primera, con vigencia en Chile, el Código Civil chileno indica que los naúfragos tendrán libre acceso a las playas, de lo que se deduce que no tienen el deber de ahogarse. La segunda,  Petronio (poeta latino) cuenta que los estaban en peligro inminente de naufragar se cortaban los cabellos y colgaban de su cuello algún objeto precioso para llamar a la piedad de aquellos que  encontraren el cuerpo y recompensar que les dieran sepultura

 

VI

 

Vuelvo al libro y a su noción de especie náufraga, que es una idea contraintuitiva que propongo. Lo primero que uno habría de pensar  es que un libro, para que no naufragase, debería quedar alivianado de todo exceso, debería quedar lo justo y debería el editor operar al modo de un capitán que, como ordenaba el código español, estableciera un orden de echazón, indicando que es lo que queda afuera. 

 

La aventura de la vida, a mi juicio, termina en el grán naufragio de la muerte del que no se sale vivo y que es precedido por pequeños naufragios, el hundimiento de sueños y proyectos. Cervantes en la boca de Marcela la Pastora dice  respecto de uno que se  hundió«…quiso porfiar contra la esperanza y navegar contra el viento, ¿qué mucho que se anegase en la mitad del golfo de su desatino?…».

 

VII.

 

En el libro verdadero empaquetamos las imágenes que, por su extremada belleza o por el dolor al límite, se hacen insorportables de cargar con uno mismo.

 

Así debemos alivianarnos de aquellas, poniéndolas  a la luz de los otros y arrojándolas al mundo para que circulen. Rilke en la primera de las elegías del Duino indica “…que lo bello no es sino el comienzo de lo terrible, que todavía podemos soportar y admiramos tanto, pues impasible desdeña destruirnos…”

 

En este sentido, en un libro tiramos lo mejor de lo nuestro por la borda, para salvarnos de hundirnos ahora y para que, cuando finalmente naufraguemos, alguien tenga piedad de nuestro cadáver.

Kaat Pype

Acerca del autor:

Samuel Soto

Santiago, Chile, 1964. Ha publicado Cospel (RIL Editores, 1998).