Posado mi beso en tu beso al otro lado del vidrio
años después,
tarde es el verbo hecho carne.
Esto ya zarpó
y fue todo muriéndose en nosotros
y algo tan vivo debatiéndose adentro.
Quedó un clamor de labios de guerra
y el lago calmo del aire,
así se llega a besar el vidrio de nadie al otro lado.
Esto ya zarpó
y estallaron cristales
huyeron años a perderse
se secaron lagos en la memoria como risa de amantes.
Esta carne ya se recreó en su llaga.
Este polvo inundó los ojos
y se hizo memoria
por eso vengo desenterrando juguetes y zapatos
quitándome el llanto materno como poncho mojado.
Esto ya cubrió las cabezas futuras,
hombres y animales
que no sabrán nuestro amor tendido a las rutas
con sus brotes de manzanal.
Esto ya calcinó labios escarcha.
Mira hasta dónde hemos crecido
huesos y cantos erigidos a la soledad
como estalagmitas.
Hay un grito que evoca siempre este sitio
y sobre todo el sitio que debió ser,
hay un grito que no quiebra el cristal de la realidad.
Esto ya zarpó
y la memoria enhebra sus pliegues
un instante entre muertes,
la sordidez de los campos cubiertos de mutilaciones
y árboles danzando su levedad.
Esta piedra es la primera que lancé
y ahora no me deja dormir,
voces en onda expansiva
y el color de un día único.
Este es otro día
-como el juego de Duchamp-
repetido hasta el asco
y corriendo de mí al acantilado del mundo.
Mi edad también zarpó,
por eso los labios y la sal
que pruebo en el vidrio, solo.
A veces se llega tarde a todo
y temprano a la muerte;
esto ya zarpó.
La íntima bestia arremetió
de fauces contra su vejez
y renegó de su reflejo en las pozas.
Esto ya sangró muchas veces,
luego el milagro
y la ilusión de llegar a besar la transparencia
que acaso se desvanece.