y se quedó conmigo
sabiendo que yo nunca iba a danzar.
Soy sin danza, ya ves
pero canto y creo hablar con árboles y sombras,
estoy cantando desde que recuerdo
y me veo ahora a más de la mitad de la ruta.
No danzo y ella lo sabía,
no habrá baile en la comarca que diviso.
Ella se queda, besa las duras rodillas
y ese gesto contiene el milagro.
Cuando ya no sea más
y todos los años sembrados a mi paso
y los días derriben la puerta de la casa
estaré ahondando este tiempo compartido.
Ella se queda,
se quedará en mi canto
aunque ya de pronto no esté.
Se queda porque un día vislumbró lo que soy,
se queda
y mi canto danzará por mí.