¿Cómo transmitir a los otros el infinito aleph,
que mi temerosa memoria apenas abarca?
(Jorge Luis Borges)
dueño de aquella visión -fulgurando múltiple frente a mí -,
como una sinopsis terrible del viaje;
Ya muerto veré por dentro la torre de mis huesos,
un laúd enterrado y todas las sombras,
veré a Berenice y en sus ojos la humedad eterna,
un reloj verdadero y un ritual maya.
Me veré en la antigua casa de mi madre y a ella escondida
tras una piedra azul,
los canales rebalsados y los hombres gimiendo
bajo la noche del sur.
Veré la inextinguible luz de una ciudad,
una virgen lúbrica en mi cama y temblaré de nuevo,
el mar expulsando los últimos regalos y luego una horrible estampida.
Veré el avión que vi a los cinco años sobrevolando las parras,
a mi padre púber a galope pleno sobre una extensión inmensa,
el abismo de Ana y en sus trenzas castañas
a una niña antes de sangrar.
Veré lo que nunca imaginé; ahí está la hermosa Magdalena sonriente
y la multitud que baja llorando del Gólgota.
Veré a Ernesto trazando un mapa interminable en la selva,
un espiral sin principio ni fin.
Veré peinarse al alba la mujer que amé y en otro cuarto durmiendo
el hijo que no tuvo conmigo.
A Pablo de Rokha bajo una lluvia de pájaros,
una escuela vacía, una estatua de sal y cientos de cuerpos
abandonados en la arena.
Veré también mi nacimiento desde arriba,
hasta ser aquí donde me veo ahora, y allí lejos
leyendo una tarde mi epitafio en un campo de olvido;
-pasmado y solo -, frente a mi propio aleph.