Queridos amigos y enemigos:
Gracias por su afecto
y también por su desprecio.
Nunca me había sentido
tan querido… y tan repudiado.
Me han enseñado una lección inolvidable,
por la cual les estaré eternamente agradecido.
Su amor y su odio
son mi diaria compañía,
mi estímulo cotidiano.
A mis amigos, gracias por reforzar mi lado claro.
A mis enemigos, por recordarme mis rincones más oscuros.
La atención que me brindan no tiene precio.
Cada cual, a su manera,
ha dejado huella en mí.
Yo los quiero a todos:
amigos y enemigos.
La verdad, no sé qué sería de mí sin ustedes.
Uno me acaricia con palabras,
otro me golpea con silencios.
y a ambos los tengo en alta estima.
Los amigos me alientan,
los enemigos me critican,
y eso, créanme,
me equilibra.
Me permite ver siempre
las dos caras de la misma moneda:
despertar,
y no quedarme dormido.
Nunca se alejen, porque
¿Qué sería la luz sin la sombra?
Nada.
Yo los necesito a ambos.