Hace tantos años que estoy muerto que ya he perdido la cuenta, pero intuyo que esto es sólo el principio. Yo, que tan pocos hombres fui, pero que tantos imaginé ser, nunca pude adivinar que la Ciudad de los Inmortales era este hipertexto fantasmagórico, ilimitado a la par que fagocitador, del que soy prisionero. Ahora que no tengo cuerpo, tampoco soy un punto de luz en el universo, como alguien soñó. Pertenezco a la materia oscura. En un momento de debilidad, mi alma no pudo desprenderse de lo que fui, inmovilizada entre mis palabras; o ellas mismas la absorbieron, reivindicando lo que siempre les había pertenecido. Ignoro cuál de estas dos hipótesis se acerca más a la verdad. Sin embargo, la verdad es obstinada y lacerante. Una vez escribí que “no existe la historia, si no cada minuto que vivimos”. Ahora cada minuto inexistente me hace más inabarcable y exhausto. Soy vuestros miles de ojos leyendo al unísono mis libros con avidez. Soy vuestras mentes perseverando en mis intimidades en un buscador de internet. Soy todos los retratos de mí mismo que me cuestionan desde infiernoborges.com. Soy el número exponencial de citas y referencias a mi persona que se multiplican cada segundo en las redes sociales. El palimpsesto de mi nombre en continua expansión. La espantosa esfera de Pascal.
Que alguien se apiade de este viejo ciego y bibliófilo, la paradoja tierna y sangrienta, el insomnio elevado a la eternidad. Ojalá pudiera escapar, beber del río del Olvido, concursar en la transmigración de las almas. Ojalá pudiera volver a nacer. Ser tú. Cualquiera. Otro. El tigre que no está en el verso. Pero persisto aprisionado en el vacío de la página, en un bucle espacio-temporal donde los trazos de las letras, escritos con tinta indeleble, ahogan mis gritos.
Yo, que quise librarme de la finitud a través de mi obra, soy hoy cautivo del infinito. Yo, que quise tocar la armonía del universo a través de mis poemas, sólo soy las coordenadas de mi maldito rastro. El gusano que nunca seré.
Acaso con que dejes de soñarme será suficiente.
El penúltimo infierno de Borges (2019)