¡Pero el que rompe los miembros,
amigo, me vence: el deseo!
Arquíloco.
Cuando te contemplo
manos a punto sobre mis manos
desnudo
enajenado
con el razonamiento
completamente eternizado y anhelante por mi orgasmo
no eres tu nombre con dieciocho años
eres tu nombre con treinta
tu nombre con cuarenta y dos
tu nombre con cincuenta y cuatro
tus mis ojos abiertos
cegados por el resplandor mutuo
de la carne que reposa mientras opera el movimiento
en el que dejas de suplicarte algo
ya que todo es inútil
nací sin pecado original
en mi mundo no hay hombres o mujeres
ni pasado ni futuro
ni bien ni mal
que no dependa de las manos que lo rocen
ni causa primigenia de arrepentimiento o de vergüenza
por haber querido más
placer, placer, placer,
posibilidades infinitas
en el principio de uno mismo con otro mismo
donde la fecundidad es el eco de una copa vacía
donde mis manos acunan el instinto
y no hay más que amoral virginidad
y tu empiezas a ser ya tu nombre con noventa
impotente
tu nombre con seis
el pecado olvidado de tu nombre
burlador de expulsiones legendarias
y antecesor del nacimiento
sobre la idea de tu nombre
porque ahora que me acerco
y te toco tu dolorosa y fascinante humanidad
y me tocas mi resignada y feliz divinidad
hasta nuestra esencia carece de importancia
cualquier nombre contra estas manos
cualquier edad en estas manos
cualquier sexo o cualquier imposición de la naturaleza
ha dejado de importar
por estas manos
convertidas momentáneamente
en deseo inocente universal
a mi imagen y semejanza
Apología de las sombras (2016)