El nombre es el señor, animal u objeto del castillo.
El adjetivo es el traje del emperador.
Las preposiciones tienden puentes levadizos.
Los artículos señalan centinelas engalanados o sirvientas
vestidas de negro.
Los pronombres son horcas y hachas, agazapadas junto a
las antiguas almenas.
Los verbos ordenan explotar al campesino, torturar al
hereje, amar al desalmado.
Los adverbios advierten si dulcemente, o rápidamente, o sutilmente o
de otro modo.
Las conjunciones son estrechas torres alargándose hacia el
infinito.
La interjección es un terremoto breve que hace que todo
se ponga a temblar
cuando te corres en mi oído.
Apología de las sombras (2016)