En San Fernando, en El Zaguán,
cuando las fotografías nos rodearon
y Samuel leyó un poema de Heaney.
I
Cómo despertar en el transcurso de esta fiebre.
Cuánta angustia antes de la claridad;
despunta el alba, algo cae, algo arde,
lejanas voces dan cuenta de la luz.
¿Qué ilumina aquella luz?
¿Qué descubre desde un cuerpo,
desde unos ojos,
desde un día gris y desastrado?
Transcurre la fiebre dentro del otoño.
Habitas la provincia o la memoria:
hay una voz en el sentido de la vista,
escuchas esa voz: cuerpos fijados desde el movimiento.
Voy de prisa hacia la muerte,
vamos de prisa y Elde ha fijado los cuerpos,
las esperas que “vemos al pasar”.
II
Aquellos tres hombres, protegidos del frío por el nylon,
cuyos rostros al fin, en medio de la oscuridad,
conforman un solo rostro: tristeza, ámbito de árboles,
de intemperie patria.
Aquellos caminos asfaltados,
lugar remoto y quebradizo.
Definitivamente, en el gris de aquella carpa,
en el ruinoso misterio fraternal, inmensa es la mirada.