Y arde el ojo
El viento aviva la osadía
de querer que el volcán
abierto al cielo
eleve el navío que lo atrapa.
Ciega la lámpara que ilumina
de pronto las colinas
Su encierro de barrotes
de agua estremecida
hace arder el ojo que suspira
brotan de él cual enjambres vivos.
El rojo,
el verde perlas y murtillas.