Ahora eres una virgen
parada en una esfera
rodeada de estrellas y angelotes,
que teje y desteje
los interminables caminos de la vía láctea
cual aburrida Penélope que empata el tiempo
esperando su rescate.
Te espío con mi oxidado telescopio
desde la soledad de mi galaxia
y sigo afanosamente tus pasos
a través de la materia oscura del universo
como un cometa apasionado en llamas.
Por ti me convertiré en astronauta
y te rescataré de tu madeja láctea
antes de que
¡oh, prisionera de la luna!
un marciano te arrastre consigo
a cualquier agujero negro allí
en medio de la nada.