Como buenos amigos
fuimos al concierto,
se nos hizo tarde y entonces
decidimos irnos juntos de gresca.
Bailamos apretados
hasta el amanecer
en un tugurio de cuyo nombre no me acuerdo,
y con nuestro abrazo saltaron chispas en el aire.
Podía quedarme en tu casa,
no fuera que me pudiera pasar algo.
Me pasé películas en blanco y negro
pero no ocurrió nada entre nosotros.
Por la mañana nos despedimos,
y de sorpresa me diste
un largo y frutoso beso.
Con el sabor de tus labios cerré los ojos
como si ya hubiera muerto,
y confundido quedé, interrogando al viento.