El gran hotel en ruinas se alza en la colina,
a sus pies se extiende la bahía inmensa,
cardúmenes de plata brillan al atardecer,
bongos de pescadores se mecen entre las olas.
Desde sus ventanas desvencijadas se refleja
la montaña sagrada y el río mágico
y un niño que corretea
entre palmeras azotadas por el viento.
Risas y cánticos de fantasmas
susurran entre sus paredes,
y figuras eternamente jóvenes
todavía bailan apasionados
a la luz de la luna
aunque estén muertos.
Atrapado entre estos muros
estoy bailando con sombras,
que conversan conmigo
mientras recupero mi alma
perdida entre las ruinas
de este gran hotel abandonado
en la colina.