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Revista de Poesía y Arte ISSN 2735-7627, Año 6. Nº12, febrero 2026

Ensayos y opiniones

Sobre escritura y cansancio

Una vez más me enfrento a la temible Página en Blanco siempre a la espera de palabras inteligentes, frases elocuentes e ideas innovadoras. El arte de escribir, enterrado bajo las responsabilidades propias de la adultez, limitado por el continuo 8 a 5 de lunes a jueves (8 a 4 los viernes) y su cansancio posterior. ¿Quién puede escribir libremente después de horas de mandar correos y apagar incendios metafóricos? ¿De lidiar con gente siendo gente? ¿De solo pensar en llegar a la casa, la pareja y el gato, y la ropa sucia, y el almuerzo del día siguiente? La Página en Blanco lo sabe, el cursor titilante burlándose del peso de tus párpados que te invitan a cerrar todo y dormir, el ventilador del computador un ruido blanco que solo quieres apagar. Obvio que gana el sueño, obvio que no puedo escribir, obvio que prefiero el anhelado descanso.

Pero luego recuerdo las noches del verano adolescente. La tenue luz anaranjada de la lámpara del escritorio, la música sonando por horas sin parar, mis dedos deslizándose por el teclado, el titilante cursor apareciendo únicamente entre sorbos de café. Ideas que fluyen sin cuestionamientos, mundos construidos con palabras por ladrillos, trama tras diálogo tras personajes, una y otra vez. El cálido sentir de estar escribiendo, extendiéndose desde tu pecho a todo tu cuerpo, tan solo disfrutando el proceso. Noches insomnes sin cansancio, callando esa voz que demandaba más historias, más palabras, más piezas de mí. 

Quizás la voz es el problema, se fue callando con los años. O, mejor dicho, fue callada con los años. La universidad, seguida por el trabajo y la vida adulta. Quizás quitarle espacio y bajarle el volumen fue la solución del momento. Pero quizás es momento de dejar a la voz gritar otra vez, liberarla de vez en cuando.

Oh. La página ya no está en blanco.

Kaat Pype

Acerca de la autora:

Amanda Valenzuela Valenzuela

Concepción, Chile, 1993. Es antropóloga y magíster en lingüística de profesión, mediadora de lectura, escritora, activista LGBT+ y unas veinte cosas más por afición. Orgullosa chiguayantina, (Concepción, Chile) donde reside actualmente junto a su familia funcionalmente disfuncional y su gato, editor supremo de su vida.