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Revista de Poesía y Arte ISSN 2735-7627, Año 6. Nº12, febrero 2026

Narrativa

Gomitas azucaradas envueltas en celofán

Lorenzo intentó acercarse, pero Fu arqueó su lomo amarillo y exigió distancia con un siseo que le hacía eco a su nombre. ¡Fffúuu! El otro gato, en cambio, siguió echado en la alfombra con su pecho expuesto. No le tenía miedo a nada. De hecho, buscaba la cercanía de Lorenzo: se ponía a maullar apenas abría la puerta del departamento y solo se quedaba callado cuando lo tomaba en brazos. Para deshacerse de él, Lorenzo había descubierto que podía lanzarle esas gomitas azucaradas envueltas en celofán. Al gato le fascinaba la crujidera del envoltorio plástico. Lo impulsaba a atajar la gomita y moverla vertiginosamente entre sus patas. La levantaba con una garra, la arrojaba al otro extremo del pasillo y salía disparado a interceptar el dulce. En vez de participar en el juego de su hermano, Fu corría a esconderse detrás de unas botellas vacías que no habían llegado al reciclaje. El gato sin nombre repetía varias veces los malabares hasta que Lorenzo se aburría, lo que en general era muy pronto a juzgar por la insistencia del gato en ponerse a maullar de nuevo.

Desde que Nora se había ido, Lorenzo se acostaba sobre un colchón en la habitación que había sido de su hijo. Evitaba las visitas. A los únicos que había dejado entrar eran estos gatos. En terapia, le habían dicho que tenía que retomar sus viejos hábitos. Para empezar, debía comprarse una cama y dormir en su propio dormitorio. Pero él prefería desplomarse cada noche en el mismo lugar donde su hijo había comido gomitas azucaradas. Hacía tan poco. Si es que dos años de no ver a un hijo pueden ser pocos.

No pensaba quedarse con los gatos, pero le había dado pena dejarlos solos, en el estacionamiento del edificio, y lo que había partido como un refugio temporal se estaba extendiendo más de la cuenta. Ya era hora de encontrarles un lugar permanente. Quizás podría regalárselos a su hermana.

—Tú quédatelos, Lorenzo. Estás muy solo. Y al otro gato ponle Nofú. No…fffúuu.

—No seas ridícula —le dijo, en parte por la sugerencia del nombre, aunque mucho más por la idea de quedárselos. Sin embargo, desde ese momento, empezó a llamarlos así: Fu y Nofú.

 

Hubo otro tiempo en el que había tenido que pensar en nombres y en amores permanentes. El ejercicio le había hecho sentir como si unas manos frías le treparan por el cuello y lo apretaran hasta dejarlo sin aire. Pero Nora había querido tener al niño, y por un rato, Lorenzo jugó con la idea de quererlo y hasta había buscado un nombre que sonara igual en los dos idiomas que hablaría, en contra de la tradición familiar de llamarse de la misma forma que su padre y su abuelo. Apenas lo encontró, Lorenzo supo que no había ningún otro posible. Todos los niños del mundo que se llamasen como su hijo solo llevarían el nombre prestado.

Bautizar al gato le avivaba un ardor antiguo, aunque supiera que el niño y Nora estaban bien en Copenhague con Henrik, el nuevo papá, un tipo de pelo amarillo tan arisco como Fu. También sisearía al ver a Lorenzo acercarse. Por eso Lorenzo se mantenía lejos. Además, ahora tenía estos gatos y nadie a quien dárselos. En Dinamarca no lo extrañaban y aquí Fu y Nofú sí que lo necesitaban.

Abrió una cerveza y se sentó a mirar a los gatos. Uno jugaba con un dulce y el otro corría a esconderse detrás de las botellas para el reciclado.

Tenía que encontrarles una casa.

Acerca de la autora:

Ana Schmitz-Fuentes

Sinaloa, México, 1980. Escritora chilena. Estudió Pedagogía en Inglés en la UMCE (Santiago de Chile) y es diplomada en Escritura Creativa de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. En 2013 hizo colaboraciones para Zancada, y en 2025 su cuento Fuego fue seleccionado entre los cien mejores de la XXIV edición del concurso Santiago en 100 Palabras. Ha participado en numerosos talleres de escritura impartidos por Paulina Flores, María Fernanda Ampuero, Giovanna Rivero, Arelis Uribe, Camila Gutiérrez, Gaspar Peñaloza y Yuan Silva. Actualmente vive en Berlín junto a su marido y sus dos gatos.